Una aspirante a escritora. Una hermana sobreprotectora. Una casa que solloza sin parar; con lágrimas de hojas secas, con lágrimas de nieve. Es una tríada de mujeres la que sostiene a Crimson Peak. Guillermo del Toro logra una masterpiece del romanticismo, del gótico victoriano. Un pináculo en su propia filmografía que ya es bastante decir. Muchos, como ustedes ya verán, reducirán su esplendor al impoluto diseño de producción, es ese el camino más fácil para salir del paso ante una peli como esta.

Edith y la mansión, dos de los personajes principales de Crimson Peak.

Edith y la mansión, dos de los personajes principales de Crimson Peak.

Como ocurría con Burton y ahora con Wes Anderson, hay también acá una reducción categórica de sus producciones al ámbito de lo estético, como una condena a priori de la obra. En este caso, Del Toro es bien conocido por su fascinación hacia el cine fantástico y demás delirios geeks. Pero en realidad, Del Toro, es sobre todo un fanático del cine, a secas. Como los Scorsese y los Bognadovich. Esos que han visto tantas pelis que las referencias en su cine son conscientes e inconscientes, pero son ante todo generosas. El cine de género no es más que una forma de etiquetar trabajos cuyas características les hacen similares. Estas coincidencias a veces pasan por los temas que abordan, el modo en el que se filman y los intereses de los personajes. Es decir, para hacer una peli de género hay que conocer el delicado mecanismo que las hace funcionar y para quién las ve, el disfrute pasa por reconocerse en ellas. Por reconocer el pasado. Una peli de género siempre remite al origen y eso, lejos de ser una tara, como rabiosamente se la ha querido endilgar, es su mayor virtud.

No una peli de terror, un romance gótico.

No una peli de terror, un romance gótico.

Y henos aquí rodeados de espectros. No burlones ni demoníacos, sino en pena y procurando ser liberados. ¿No son así nuestros recuerdos? Encadenados a un momento, flotando en el áureo ámbar en el que flota también el espinazo del diablo. Los fantasmas son una metáfora para el pasado, nos explica la sagaz Edith Cushing. Ella, como novelista, conoce el método de la escritura ‘ficcionada’ y además, como el propio Del Toro, lleva la contabilidad de la historia de su oficio por varias décadas. Y astigmática como él, tiene que lidiar con todos a su alrededor para ser tomada en serio por su trabajo.

I prefer Shelley

Lo que comenzó como un gesto aislado en el discurso de Patricia Arquette al recibir el premio de la Academia por su trabajo en Boyhood (2013), hoy es el incipiente inicio de la que (ojalá) pueda ser una revolución en el ámbito salarial de Hollywood. Esto sumado a la info filtrada por el hackeo de Sony Pictures, que terminó confirmando las dudas de todas las actrices en Hollywoodland, estaban ganando mucho menos dinero que sus co estrellas masculinas, so pena de ser simplemente ladies.

Con lo duro que resulta, cuando todo se quiere tan moderno y avanzado, hoy día el ámbito del cine no es sino un ejemplo perfecto de la desigualdad de género existente en casi todo ámbito laboral. No pasa sólo por la cantidad de historias que giran alrededor de personajes femeninos sino pasa también por el pírrico número de mujeres en cargos creativos y técnicos, empezando por la dirección. El mexicano expresa en voz muy clara que le tomó casi una década ejecutar el proyecto porque era una historia centrada en mujeres. Una declaración que se vuelve aún más escalofriante con la nota de la propia experiencia de Jessica Chastain quien lo acompañaba en dicha entrevista: “Es la primera vez que digo esto, así que quizá vaya a meterme en problemas (…) esta es la primera vez que hago una película donde el director de hecho me pagó lo que mi agente y todos decían que era lo justo. De hecho me defendió”.

Esta expresión de Edith es la misma de todos al ver la entrevista de GDT y Chastain con Jorge Ramos.

Esta expresión de Edith es la misma de todos al ver la entrevista de GDT y Chastain con Jorge Ramos.

El conflicto de género por muy demodé y anquilosado que nos parezca, está absolutamente vigente y no se trata solamente de pelis que no pasan el Bechdel Test. Crimson Peak será apartada por muchos porque les resulta incómodo que las señoritas de la historia tengan sus propios intereses y que estos no sólo se reduzcan al conflicto amoroso, aunque sí romántico si me permiten la cita en calidad específicamente filosófica. Ni Edith ni Lucille están esperando ser rescatadas. Lejos de eso han tenido siempre que valerse por sí mismas y la independencia es un rasgo reiterado en ambas. Rasgo que tan lejos llega, que deja malparados a sus contrapartes masculinas que son más bien torpes y si se quiere, inútiles. Las nenas han de resolver todo por ellas mismas una y otra vez. Eso sí, impecablemente vestidas y nada desinteresadas en el amor carnal. Cero feminismo pacato y añejo.

Los sufrimientos del joven Guillermo

Como en Hugo (2011) de Martin Scorsese, hay acá guiños al origen del cine y a esa época de fascinación positivista ante la novedad de lo que significaba la tecnología. Todo empieza con la proyección de fotos ‘fantasmagóricas’ a través de una linterna mágica y termina en la monstruosa máquina procesadora de arcilla del oscuro Sir Thomas Sharpe. El triunfo de la máquina y el engranaje sobre la romántica naturaleza. Y desde el propio origen del cine, el cineasta se pasea entonces por los referentes clásicos, la damisela atormentada de la Rebecca (1940) de Hitchcock, la fotografía imposible de los giallos italianos de Argento y Bava, el terror artesanal de las películas de la Hammer, e incluso el gore más saturado de la Masacre de Texas (1974) y compañía. Y esto sin contar los ‘easter eggs’ literarios, que no son pocos. Más todas las referencias que están allí pero esta pobre y melancólica alma en pena no pudo descifrar.

Si Pacific Rim (2013) era un puñado de homenajes al cine sci fi de los 50’s y los kaiju films, GDT hace lo propio con el romance gótico en Crimson Peak.

Si Pacific Rim (2013) era un puñado de homenajes al cine sci fi de los 50’s y los kaiju films, GDT hace lo propio con el romance
gótico en Crimson Peak.

Del Toro aprovecha muy bien a Mia Wasikowska y su aura fuera de esta época. Como ya lo hicieran Burton, Park Chan-Wook, Van Sant, Cronenberg, y Jarmusch. (Por cierto, vaya filmografía la que se ha mandado Mia). De hecho, la vuelve a reunir con Tom Hiddleston y explota toda esa química que estaba latente en Only Lovers Left Alive (2013). Y bueno, está Jessica. Está Jessica que en The Martian (2015) sólo necesita un par de primeros planos para transmitir todo lo que Anne Hathaway no pudo hacer en las dos horas y pico de Interstellar (2014). Jessica no regresa con la contención de The Tree of Life (2011), sino con la furia latente de Gary Oldman en la Drácula (1992) de Francis Ford Coppola. Su presencia embriaga e hipnotiza, simplemente le crees todo.

Hay que creerle a Jessica Chastain cuando recién ha declarado que quisiera interpretar a una villana de la franquicia Bond.

Hay que creerle a Jessica Chastain cuando recién ha declarado que quisiera interpretar a una villana de la franquicia Bond.

El vestuario, sí una belleza. La dirección de arte, sí tremenda. La música, impecable tanto que casi se nos olvida el Navarrete de El Laberinto del Fauno. Muy lindo todo. Pero sobre eso está la capacidad para narrar perfectamente un misterio y su resolución, los cabos que se van atando mientras los anticipamos desde la butaca, y los anticipamos mientras nos hacemos todos Sherlock y Watson; desarrollado todo en el clásico escenario de la casa embrujada. Así, también están los movimientos de cámara, unos ‘steady cam’ laaargos e inmersivos. Súmele un montaje prolijo, donde la historia avanza desde la imagen y no desde la voz en off en la que se cuenta, y avanza a través de elipsis (-fade a negros- mediante), tan prolijas como las que Hitchcock nos enseñó. Y como me dijo un amigo, está también “el CG -Computer Generated Images- de los fantasmitas”. Ya dimos por sentado el sólido casting, incluyendo a los secundarios Charlie Hunnam y Burn Gorman a quienes el director ha sumado desde Pacific Rim. Con un Hiddleston cuya frialdad y porte aristocráticos son inobjetables, ya no digamos su capacidad para declamar líneas enteras de diálogos sólo con la mirada. La ecuación se completa con un prólogo y un epílogo a la altura del compromiso.

En palabras del propio Hiddlestone: “It’s a gothic romance. It’s about love and death, sex and violence”.

En palabras del propio Hiddlestone: “It’s a gothic romance. It’s about love and death, sex and violence”.

Así las cosas, Crimson Peak termina siendo no sólo una clase de literatura y cine sino también una perfecta introducción a la filosofía del Romanticismo alemán. Esa última ‘postura común’ europea en la que el arte, la ciencia, la música y la filosofía compartían patrones distintivos, todas polillas de la misma casa: “La naturaleza es el espíritu visible, el espíritu es la naturaleza invisible” / Friedrich W.J. Schelling. A lo que Thomas Sharpe pudiera añadir, “Espera que comience a nevar, ya verás porqué le llaman Crimson Peak”.

columnaMalena Ferrer es directora y editora audiovisual. Profesora de Cine en la Universidad Monteávila desde el 2008. Comunicadora Social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello.

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