Big Eyes (2014) se estrena con mucho retraso en nuestro país pero termina coincidiendo con el cumpleaños número 57 de su director, Tim Burton. Todos tienen algo que decir respecto a este cineasta que ha padecido casi todos los calificativos posibles: de enfant terrible a genio infame, de vanguardista a artesano sobrevalorado. La indicación es clara, su obra es siempre relevante y susceptible a ser comentada, aunque a veces sea para desmenuzarla con tijeras.

En Retratos de una Mentira, título con el que han traído la peli, Burton asume su segunda biopic después de Ed Wood, de hecho, se reúne con los mismos escritores para realizar el guión. La protagonista de esta historia insólita es la artista plástica Margaret Keane, quien revolucionó con su trabajo el arte contemporáneo en la década de los 60’s, aunque haya sido su esposo el que reclamando la autoría de los cuadros, haya comercializado de forma agresiva pero muy eficiente el trabajo de su mujer.

Tim Burton y su primera esposa, la actriz Lisa Marie, para quien el director comisionó un retrato a la artista.

Tim Burton y su primera esposa, la actriz Lisa Marie, para quien el director comisionó un retrato a la artista.

La película aborda desde el melodrama, la relación de dominación y explotación de Walter sobre Margaret, y es quizá el lado más flaco del film cuando la interpretación de Christoph Waltz se distorsiona en la exageración. Mientras que Amy Adams entrega un muy buen retrato de esta rara e ingenua criatura que es Margaret. Y quizá es por ello que en ese personaje encontramos los mejores rasgos de los personajes burtonianos que más recordamos. Aquellos que tienen un mundo muy personal al que no todos suelen acceder y que prefieren el bajo perfil antes que la notoriedad pública, con la que además, casi nunca saben lidiar.

Pero Burton en la trama subyacente, vuelve sobre la vieja discusión acerca de la valoración y la legitimidad artísticas de ciertas obras. Un peso que aún arrastra el arte contemporáneo y sobre el que todavía se discute. La legitimidad de una pieza que remite a la cultura masiva y por ende susceptible a ser reproducida infinitamente. Acercando la obra de arte a la noción de mercancía, Burton guiña un ojo a todos los detractores que califican su trabajo como una fuente inagotable de baratijas y juguetes. Jason Schwartzman interpreta al dueño de una galería de arte que rechaza el trabajo de Margaret por ordinario e infantil. Adjetivos que el propio Burton ha sufrido una y otra vez. Es así como el cineasta reflexiona en el metraje acerca de esa visión elitista del arte, que entiende que este debe elevar y no complacer, versus una aproximación completamente sensorial y emotiva al mismo. Reflexiones ambas que Burton representa en una esfera artística hipócrita y sostenida por la moda de turno.

Amy Adams junto con la propia Margaret Keane

Amy Adams junto con la propia Margaret Keane

Para muchos, Big Eyes viene a ser el punto más alto de su filmografía reciente. Una racha que comenzó con Frankenweenie, film que lo llevaba de nuevo a ese terreno que conoce y maneja tan bien de los “monstruos” adorables. Más alejado de la exageración absoluta y la farsa camp de Dark Shadows o Charlie and the Chocolate Factory.

La película se vuelve así una entrañable revisión de la propia filmografía del director a lo largo de los años, sobre todo de los últimos donde al parecer ha cedido más y más de su imaginario personal frente a las expectativas de los grandes estudios para los que ha trabajado. Fácilmente puede ser Alice in Wonderland, su propio Our children. Ese cuadro de enormes dimensiones que Margaret realiza bajo una solicitud muy demagógica y complaciente. Ambas piezas reiterativas, exageradas y llenas de clichés. Mientras que esta biopic, es justamente el regreso a un espacio menos ambicioso pero oportuno para renovar su trabajo y sus influencias.

Big Eyes, siendo tan pequeña y discreta, es una trabajo sólido que se sostiene por méritos propios; en donde Burton ha pasado de su habitual romanticismo gótico a un expresionismo muchísimo más contenido que sólo necesita de ciertas sutilezas, como una desconcertante secuencia en un supermercado, para recordarnos que es el Tim Burton de siempre el que ha construido esta película para nosotros, sus fieles y extrañas criaturas.

columna Malena Ferrer es directora y editora audiovisual. Profesora de Cine en la Universidad Monteávila desde el 2008. Comunicadora Social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello.

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