Otro capítulo en la historia de James Bond ha terminado. Con Spectre (2015) cierra la era Craig dentro de la extensa franquicia. Con unas declaraciones sacadas de contexto y magnificadas, el actor inglés anticipaba parte de lo que puede experimentarse viendo esta entrega: “Preferiría matarme antes de interpretar otra vez a James Bond”. Podría pensar uno en matarse antes de volver a ver esta peli. Así como empieza impecablemente con un plano secuencia eterno y grandilocuente, la película se agota casi de inmediato.

Hay sólo dos clases de personas en el mundo, las #teambond y las #teammisiónimposible. Declarada y abiertamente pro M:I como soy desde muy pequeña -cuando veía la serie por televisión-, llegué a apreciar la franquicia inglesa desde la llegada de Craig. Casino Royale (2006) exhibía una puesta en escena sólida que le permitió a Craig desplegar su interpretación absolutamente física del personaje. Y cuando digo física, me refiero a la capacidad de actuar sólo con su presencia sin necesitar más que las poquísimas punch lines que delinean al personaje que todos conocemos. Además en el 2006 todavía las pelis de “origen”, resultaban tremendamente atractivas. Descubrir cómo cualquier hijo de vecina terminaba convertido en Batman o en Bond, era increíble para el fanático mientras que al mismo tiempo permitía sumar nuevos aficionados; eso derivaría prácticamente en sub sub género que acaba de implosionar con Fantastic Four (2015). Hoy, ya nadie quiere otra “origin movie”.

Casino Royale también cumplía con un atributo que los conocedores de la serie repiten como un mantra, una peli Bond está sostenida por su villano. La ecuación es muy sencilla entonces: Si tu villano es Mads Mikkelsen muy probablemente tienes asegurada una buena entrega. Completaban el cast una hipnótica Eva Green y la ya establecida Judi Dench. ¿Lo mejor del reboot de la franquicia? James era vulnerable: podía ensuciarse, transpirar y sufrir. Y enamorarse. Bueno, lo mismo, enamorarse y sufrir. Sufrir por enamorarse.

Craig entrega a un buen Bond, pero su ‘James’ es aún mejor

Craig entrega a un buen Bond, pero su ‘James’ es aún mejor

Dos años después, Quantum of Solace (2008) incrementaba la adrenalina de las secuencias de acción pero no podía mantener steady la narrativa de las alocadas teorías conspirativas propias de la franquicia. El asunto de controlar todo la reserva de agua de Bolivia, languidecía hacia el final de la peli y terminaba uno pidiendo el tiempo. Su punto más alto, la sastrería era aún mejor.

Después de una rentable y apreciada CR, el performance discreto de Quantum exigió que se reclutara a un director de alto perfil para que no se diluyera el impulso inicial. Sam Mendes sería el agente incorporado. Mendes, que se había hecho un lugar en Hollywood con su American Beauty (1999), había podido completar una filmografía nada despreciable de pelis todas que no estaban dispuestas a hacer demasiadas concesiones y bastante menos chorongas de lo que había sido American. Jarhead (2005) anticipó una oleada de pelis post invasión iraquí que tuvieron en The Hurt Locker (2008) y American Sniper (2014) sus picos más altos y con Revolutionary Road (2008) se dio a la tarea de contarnos qué hubiese pasado si Rose y Jack hubiesen sobrevivido al desastre titánico y hubieran podido casarse y tener hijos. Con ello, volvía añicos la noción de matrimonio con la pareja más querida de los 90’s. Un tipo así, con un manejo muy sólido de la puesta en escena y el diseño de producción, fue la decisión acertada.

Roger Deakins y su capacidad para dotar de personalidad propia cada peli que fotografía.

Roger Deakins y su capacidad para dotar de personalidad propia cada peli que fotografía.

Mendes comenzó sus labores al frente de la franquicia matando a Bond. La resurrección del personaje sería completa. Skyfall abre con una secuencia brutal sobre el techo de un tren en movimiento. Homenaje clásico de la cinefilia que le guiña un ojo a The Great Train Robbery (1903). Además, 007 cae ‘muerto’ a manos de sus propios compañeros de agencia (nada más y nada menos que Moneypenny) por orden de la única figura materna que ha tenido el señor Bond. Skyfall marca un camino de depresión y alcoholismo en el personaje que estaba apenas sugerido en las entregas más clásicas de la franquicia. Mendes llevaría a su Bond a un punto muy bajo para preparar el regreso triunfal. Regreso que está anclado en la secuencia en el rascacielos de Shanghai con una fotografía (inserte el adjetivo calificativo más épico jamás usado) de Roger Deakins, dragones de komodo, trajes aún más impecables, un tercer acto incendiario y, el regreso del villano cínico a la saga. El resultado, Skyfall es a la fecha, la peli Bond más taquillera de la historia de la franquicia y además, de las mejor recibidas por la crítica.

Javier Bardem, podría ser por lejos el mejor de los antagonistas de la etapa Craig.

Javier Bardem, podría ser por lejos el mejor de los antagonistas de la etapa Craig.

Lo que hubiera podido ser el cierre perfecto para la reinvención que Daniel Craig logró del personaje, se extendió, no sin complicaciones, hasta una cuarta película, repitiendo con Mendes como director. El resultado es dispar y sobre todo breve. Spectre (2015) no dura más de 60 minutos. La secuencia inicial, enorme, técnicamente impecable, emocionante y divertida, propone un nivel que es imposible de mantener durante el resto del metraje. A pesar de contar con un Q (Ben Wishaw) muy aceitado, cómodo en su personaje y una Lea Seydoux de ojitos encantadores y la serenidad que se necesita para estar bien vestida y al mismo tiempo escapar Beretta en mano. Ahí se agota Spectre. Y después de que se agota, entonces Christoph Waltz completa una interpretación muy discreta del que en teoría era el más oscuro de los enemigos de Bond. Con una secuencia de tortura pasadísima de moda, fastidiosa, pobremente rodada y con una resolución trucha, Waltz nos entrega (de nuevo) el villano de un sólo registro en el que está atrapado desde hace un tiempecillo.

El mérito de Spectre, posiblemente la secuencia inicial más deslumbrante de toda la vida cinematográfica del agente 007.

El mérito de Spectre, posiblemente la secuencia inicial más deslumbrante de toda la vida cinematográfica del agente 007.

Ver Spectre a la luz, más bien a la oscuridad, de los ataques en París y el inmediato bombardeo de Siria, le da un contexto particular a la trama de peli. El natural desplazamiento de la dinámica de la guerra fría hacia la era panóptica del gran hermano que vigila y administra justicia, fue el camino natural escogido por los guionistas. La reunión de status ejecutivo de líderes e influenciadores mundiales en plan Eyes Wide Shut, prometía un rico escenario para el despliegue del agente. Sin embargo, la promesa no se cumple y prefieren justificar todo vía vendetta personal/ issue familiar no resuelto.

Mendes en labores de dirección durante el rodaje de Spectre

Mendes en labores de dirección durante el rodaje de Spectre

Final mezquino para uno de los reboot más interesantes de los últimos años. Hijo de su época, este Bond trajo el hiperrealismo en su concepción visual e incluso en los modos del personaje. La inverosimilitud propia del mundo de agentes secretos creada por Ian Fleming, podía mantener cierto referente en la realidad, aunque fuese incorporando parkour y otras trends de estilo. Como ya dijimos, este Bond sí se despeina. Se dieron el lujo de revertir los guiños auto referenciales y hacer que Craig reinterpretara la salida del mar a lo Ursula Andress en un diminuto bañador ó cambiando cocodrilos por dragones komodo. En la comparación con su competidora inmediata, Misión Imposible, sale mejor parada esta última, pues supo mantener el espíritu de la saga sin demasiadas vueltas de tuerca y aún más importante de manera consistente. Sumado a dosis más altas de humor y auto conciencia. Lo que no deberíamos perder de vista es la reflexión común en ambas, el cambio de paradigma en el mapa geopolítico. Las agencias más tradicionales desaparecen y sus miembros terminan convertidos en parias, sin el status de sus agencias todos estos agentes, quedan reducidos a meros sicarios y en ambas franquicias, los cazadores terminan perseguidos por los gobiernos a los que dedicaron todos sus años de servicio como personajes ficticios. Sendos ejemplos de la época que corre, los enemigos nunca más volvieron a estar tan claros como antes. Hoy todos somos parte del mismo espectro.

columna Malena Ferrer es directora y editora audiovisual. Profesora de Cine en la Universidad Monteávila desde el 2008. Comunicadora Social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello.

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