
Por Cherry Adam [Barcelona]
La revisión de nuestro pasado musical puede llevarnos a rescatar y redescubrir géneros e influencias particularmente ricas e interesantes y aunque fueron otros quienes iniciaron el viaje, disfrutar del rock hecho en los 60 y 70 – apartando un poco la mirada y el oído de lo más cercano y fácil de digerir-, nos da la oportunidad de abrir un abanico de posibilidades infinito.
En Australia, un grupo de jóvenes decidió apostar por esto para compartir con el mundo su visión de la psicodelia desde la perspectiva de un veinteañero en el año 2010. Es una visión un poco más ingenua y fresca que la que le antecede, pero para ser una tarea de biblioteca el resultado ha sido increíblemente fiel.
Los Tame Impala se presentan con un discurso poético y melódico enfático, aunque en el fondo la lucha es interna. La música se queda entre ellos y se habla a sí misma, como en “Innerspeaker” (2011), para luego autoimponerse y deleitarse con su propia soledad en un grandioso “Lonerism” (2012).
Incluso el arte de este, su aclamado segundo álbum, habla de ello: Una fotografía del Jardín de Luxemburgo en París, tomada por Kevin Parker, voz y compositor de la banda, e intervenida por el diseñador Leif Podhajsky. Según el propio Parker, “la imagen retrata el concepto de la soledad a través de la puerta de metal que separa al observador de los jardines.”
Los 12 temas de “Lonerism” incorporan una paleta de sonidos mucho más amplia que su predecesor así como “letras más emocionales y una perspectiva narrativa mucho más pronunciada” (Parker, a propósito del lanzamiento de “Lonerism”, octubre 2012), por lo tanto, los Tame Impala se proclaman musicalmente listos para el ruedo psicodélico… y nadie lo duda.
Lo que parecía el primer sencillo, “Apocalyse Dreams”, lanzado en formato mp3 en junio de este año, resultó ser sólo un abreboca de lo que supondría el temazo oficial del álbum: “Elephant”. Una de las canciones más potentes y completas con las que cuenta este disco. Inicia el viaje “Above it” con una carga de batería y ese “wa-wa” de guitarra para dar paso a la aguda voz de Parker diciéndonos: And I know that I gotta be above it now.
El segundo tema, “Endors Toi”, es un guiño al proyecto en el que trabajó Parker como productor (durante la grabación de “Lonerism”), el disco debut de la francesa Melody Prochet: “Melody’s Echo Chamber”. Lo que sigue, lo conocemos de sobra: pasajes oníricos, voces que se confunden con ecos y efectos, una batería potente que sirve de cable a tierra para que el resto de instrumentos continúen su camino musical sin mayor atadura que la propia imaginación.
Si de lugares comunes se trata, entonces este disco se aprecia como la vista de un caleidoscopio. Pero prescindamos de lo habitual. Aquí toca revisar influencias como 13th Floor Elevators o Captain Beefheart & His Magic Band, para entender que el tratamiento que hace Tame Impala de la psicodelia es un serio recorrido al pasado y ellos mismos así lo cuentan cuando cantan: “It feels like I only go backwards, baby / Every part of me says go ahead”.































